La pizza

¿Quién no ha oído hablar de ella? ¿Quién no la ha comido alguna vez? Al oír ese nombre se nos viene a la cabeza nuestra favorita, circular o rectangular, con o sin carne, con mozzarella. Puede ser casera, congelada o fresca. Los condimentos pueden ser muy variados o muy simples. Es la comida favorita de los más pequeños. Se puede tomar en casa o en un restaurante, compartir en reuniones con amigos, de empresa, con tu pareja o familia. Eso sí, los más glotones se comen una en un abrir y cerrar de ojos.

Los orígenes de este manjar no son del todo exactos. La mayoría afirma que tiene sello italiano, pero existe mucha incertidumbre en torno a su procedencia. Esto es debido a que es conocida en todo el mundo. Se podría afirmar que “la existencia de la pizza es más antigua que el pan”. La etimología de este término proviene de «pinsa», participio pasado del verbo latino «pinsere», que significa ‘machacar’, ‘presionar’ o ‘aplastar’. Los antepasados de la pizza son la picea, conocida como laganae, y también las chiacchiata, la piadina, la farinata y el panelle.

El nacimiento de la pizza se remonta a siglos atrás, teniendo en cuenta que el tomate llegó a tierras europeas en el siglo XVI. Está relacionado con la elaboración del pan ya que en Grecia solían preparar panes planos. La masa se componía de diversos cereales. Es conocido el ‘plakous’, un pan al que añadían plantas aromáticas, ajo y cebolla. Por otra parte, los soldados persas en la época del tercer rey de la dinastía aqueménida, Darío I el Grande, se alimentaban también de un pan plano en el que fundían queso y dátiles. Los romanos consumían antiguas focaccias, de origen etrusco. Tras la erupción del volcán Vesubio, se encontraron en las ruinas de Nápoles panes redondos cortados en ocho porciones que, inevitablemente, nos recuerdan a la pizza.

Posteriormente, llegó a Nápoles en el siglo XVIII, donde se agregaban ingredientes encima. Se dio a conocer ‘la pizza blanca’: se unían la masa horneada, el tomate y el queso.
Tras la II Guerra Mundial se popularizó la pizza hasta la clase aristocrática. La exquisitez que en otro tiempo había servido de sustento a las clases más humildes se convertía en una preparación global con mil y una interpretaciones. Pasamos de pizzas sencillas como la ‘romana’, elaborada con una masa fina y crujiente sobre la que se coloca sólo aceite de oliva, sal y romero, a la amplia variedad de elaboraciones que pueden encontrarse por todo el mundo.
Aunque popularizada mundialmente con el impulso de grandes franquicias dedicadas al ‘fast food’, la verdadera calidad de este exquisito manjar emana de los restaurantes en la que los pizzeros la cocinan de forma artesanal.

Posted on 21 junio, 2017 in Sin categoría

Back to Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies